20 de diciembre de 2016

No tienes ni idea de danza oriental

En los años que llevo practicando esta danza he leído y escuchado comentarios de todo tipo, pero para mí lo peor es que lo relacionen con algo exclusivamente sexual. Tengo una compañera de trabajo que dejó de bailar al escuchar a un hombre decir "este baile es de guarras" cuando acababa de actuar. Estos comentarios te pueden afectar menos cuando eres mayor, pero cuando eres muy joven (como lo era mi compañera) te pueden condicionar. Y me estoy refiriendo, claro está, a las mujeres que practican esta danza. También hay hombres, pero seguramente y por el mismo motivo que estoy mencionando (la sexualización) se les conoce menos. Por todos es sabido que si las mujeres hacemos algo es por y para los hombres.



Que si vas en sujetador enseñándolo todo, que si ahora tu vida sexual debe ser mejor, que si qué contento estará ahora tu novio/marido, etc. 

Si eres de los que piensan así, que la danza oriental solo sirve para exhibir nuestros cuerpos, excitar y provocar al personal, permíteme que te lo diga: no tienes ni puñetera idea de danza oriental. Y sí, claro que hay mujeres que bailan de forma obscena, pero entonces no lo llames danza oriental. Llámalo de cualquier otra forma, pero no danza del vientre, ni bellydance, ni danza oriental.

La danza oriental es un arte que mezcla gran variedad de culturas, de movimientos, de historias... te permite hacer algo diferente, descubrir canciones y artistas que no estabas acostumbrada a escuchar. Te ayuda a olvidar tus problemas, a conectar con tu cuerpo, a sentirte diferente, a disfrutar de gran variedad de trajes, elementos y accesorios. Porque sí, la danza oriental no son solo un sujetador y una falda, son túnicas, pantalones, bodys de ensayo, tops, tocados, zapatos, velos, bastones, sables, panderetas, crótalos, jarrones, melayas, abanicos, alas de Isis... incluso tu propio pelo puede convertirse en un gran elemento. Cuando sales al escenario vestida, peinada y maquillada, eres una persona diferente, dispuesta a expresar toda tu fuerza.

La danza oriental es feminidad, apoyo, sororidad, compañerismo. Cuando una compañera viene a clase y está pasando por un mal momento, la apoyamos y conseguimos que al menos durante esas horas pueda sentirse mejor. Yo misma me apunté hace años para poder superar un problema que me producía un gran desasosiego. Y no voy a mentir, es cierto que he compartido clase con compañeras que no seguían esta filosofía, pero con el tiempo se han acabado marchando.

Detrás de cada espectáculo hay muchos meses de trabajo. Hay esfuerzo, dolor, cansancio, agujetas, nervios... hasta lágrimas. Si somos madres necesitamos apoyo para que cuiden de nuestros pequeños, mientras practicamos o salimos a actuar. A las dos semanas de nacer mi hijo yo salí al escenario con él, y mi marido y mis compañeras me ayudaron a cuidar de él entre bastidores. Salir a bailar con mi hijo recién nacido en brazos fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. 


Y si crees que hay que estar hecha una sílfide para bailar, estás muy equivocado. Hay mujeres con kilos de más que harían enmudecer a cualquier bailarina 90-60-90. Te lo vuelvo a recordar, no estamos aquí para alegrar la vista a nadie, ni para cumplir estereotipos absurdos de belleza.


Así que la próxima vez que vayas a ver un espectáculo de danza oriental, o alguna persona conocida te hable sobre ello, piensa antes de juzgar.

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