17 de diciembre de 2016

La gente es mala

Y si además lo dice Jessica Jones, curtida en el arte de la decepción y con el culo pelado de tratar con tanto indeseable, habrá que hacerle caso. 


No hay nada que entender ni que explicar, si te empeñas te puede dar una úlcera. Simplemente hay personas que están en este mundo para hacer la vida imposible a las demás, y si son buenas personas mejor. 
No necesitan demasiados estímulos, la envidia es suficiente, y en muchas ocasiones ese sentimiento roza lo absurdo. Conozco un caso cercano en el que una persona con una enfermedad importante ha generado envidias por haber conseguido un certificado de discapacidad del 33%. ¿Cómo alguien puede sentir envidia por este motivo?, ¿por los beneficios monetarios que supone tener ese certificado?, ¿es que acaso no es más importante la salud?, así de grotesco puede llegar a ser el tema.

En otro caso una chica estuvo atormentada por una de sus profesoras durante los cuatro años que duró su carrera. La estuvo machacando diciéndole que no servía para lo que estaba estudiando, que nunca encontraría trabajo... mermándola psicológicamente en definitiva. ¿Qué beneficio sacaba esta profesora haciendo esto?, nada, simplemente pura maldad por querer coartar los sueños y aspiraciones de otra persona. Por suerte y aunque la chica tuvo que esforzarse mucho por no caer en un agujero, la profesora no consiguió su objetivo. 

Yo también lo sufro directamente. Mi empresa me permitió cuidar de mi hijo cuando estaba enfermo durante una temporada, pero eso generó las envidias de algunas de mis compañeras (todas sin hijos, qué casualidad) que no tardaron mucho en quejarse. Y mis responsables directos, en lugar de poner a esas personas en su sitio, me pidieron a mí que fuera más cautelosa y me tratan de forma más estricta y cerrada desde entonces. Daba igual que mi trabajo saliera, daba igual que hubiera hecho horas extras infinidad de veces, lo más importante para ellos era no recibir quejas. A muchos jefes lo de cobrar más les viene bien, pero no lo de asumir responsabilidades y enfrentarse a personas que tienen menos compañerismo y empatía que una piedra. Esto es lo peor de este asunto, la complacencia y la pasividad ante este tipo de actos. 

El problema de todo esto es que las que acabamos desquiciadas, destrozadas e incluso medicadas somos las personas que sufrimos estos ataques, y tenemos que hacer un esfuerzo enorme para salir adelante. Sufrimos nosotras y sufren los seres queridos que nos rodean. Y no digo que esas malas personas, que es lo más suave que puedo decir de ellas, no lo pasen mal también, pero no despiertan ni un atisbo de compasión en mí. Están así porque ellas mismas lo provocan, y su maldad no tiene límites. Los motivos por los que necesites ayuda les dan igual, no se paran a pensar qué problema puedes tener para encontrarte en esa situación, solo piensan en ellas y en que la gente de su alrededor les siga el juego. 
Pero oye, no pasa nada, ya lo dicen: siembra truenos recoge tempestades. No hay que rebajarse a su nivel, el tiempo es un juez muy sabio. 

Cuando debido a responsabilidades y obligaciones no podemos alejarnos de este tipo de gente, lo único que podemos hacer es intentar rodearnos de personas positivas que nos apoyen, y no tolerar ni lo más mínimo. Mi marido tuvo que enfrentarse a su empresa porque pretendían que hiciera unas horas extras que no están en contrato, y no podía ir a recoger a nuestro hijo a tiempo a la guardería. Él sufrió y yo con él, pero se hizo valer y consiguió que respetaran sus derechos. Y con él muchos otros, por suerte cada vez más.

El único idioma que entienden los sociópatas es el de la lucha, hay que tenerlo muy claro. Eso es lo único positivo de todo este asunto, si no consiguen hundirte lo que hacen es que saques unas fuerzas que pensabas que no tenías, y ser capaz de enfrentarte a lo que sea. 

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