15 de enero de 2017

Tengo el pelo graso

Pero cosa mala. Recuerdo que antes de mi efervescencia hormonal mi pelo duraba limpio hasta una semana. Pero oh, ¡sorpresa!, terminó la pubescencia y desde entonces he tenido que estar lavándome el pelo casi todos los días. Incluso si me lo lavo antes de ir a dormir al levantarme ya está regulero.



Llevo así muchos años, en los que además de lavármelo más a menudo de lo que me gustaría tengo que recurrir a algunos trucos para disimular el asunto: incluir parte del cuero cabelludo cuando me lavo la cara por las mañanas, recogerlo en un moño o coleta cuando empieza a engrasarse, etc.

Y sinceramente, ahora que soy madre y tengo todavía menos tiempo para dedicar a mi envoltorio físico pues me toca soberanamente la moral tener que estar preocupándome de si mi pelo está o bien o parece que hace un mes que no me lavo. Encima en invierno y con un frío de cuatro pares es maravilloso tener que meterte en la ducha por este motivo. 

Cuando sabía menos del tema pedía consejo cada vez que tenía oportunidad, y como lo de opinar sin saber es deporte nacional muchas catedráticas en peluquería por la universidad de Yolosetodoytúno me ofrecieron su infinita sabiduría. Los consejos más recurridos son estos, especialmente el primero:

- Esto te pasa porque te lo lavas todos los días, tienes que esperar más días entre lavado y lavado. 

Falso. Ya lo he intentado, vaya que sí. Y lo único que he conseguido es parecer una gorrina que no se lava el pelo. Mi problema es genético, no lo va a arreglar el hecho de que tarde más o menos en lavarme el pelo. 

- ¿Has probado algún champú antigrasa?

Alguno no, muchos. La industria cosmética ha hecho un buen trabajo conmigo en este aspecto, porque me he dejado un dineral. Y para nada, porque ninguno ha hecho que el pelo me dure limpio más tiempo. Es más, algunos incluso han acelerado el problema. 

Al final y después de todos estos años me he dado cuenta de algunas cosas obvias. La primera y más importante, que somos lo que comemos. Si yo llevo una mala alimentación o bebo poca agua es normal que mi cuerpo lo muestre. Cuando duermo mal (o directamente no duermo, cosas de la maternidad) mi cuerpo me pide azúcar del malo o cualquier sustancia que me ayude a mantenerme activa, y este tipo de alimentación agrava el problema. 

La depresión y la ansiedad también han contribuido a empeorar la situación. Cuando estoy nerviosa me da por rascarme, y eso incluye el cuero cabelludo. Rascarme esa zona contribuye a que las glándulas sebáceas se pongan en marcha y produzcan aún más grasa. Además lo tengo seco, por lo que la piel se descama. 

Los productos a utilizar también son importantes, lo mejor es encontrar un champú que lleve la menor porquería posible. Nunca he tenido claro si lo de los sulfatos en los ingredientes es para tanto, ya que parece haber opiniones contradictorias, pero la lógica me lleva a pensar que lo natural es mejor. 

Así que nada, de momento sigo con mi periplo particular para encontrar algo que me facilite un poco la vida. A ver si pronto puedo decir que voy con otros pelos por la vida, ya os contaré.

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