2 de noviembre de 2016

La paciencia y los cambios que no llegan

Una de las actitudes que más me cuesta mantener, cuando tengo una recaída, es la paciencia.

En general siempre he sido una persona bastante paciente cuando se trata de acciones que dependen de mí del todo o en gran parte. Por ejemplo, cuando ayudo o aconsejo a alguien que está pasando un mal momento, o cuando espero algo que sé casi a ciencia cierta que va a pasar (un evento muy deseado que tiene fecha, la compra de algo cuya venta se abre un día concreto, etc.).

En cambio, desde que tengo depresión en ocasiones me cuesta cumplir con lo anterior y también lidiar con situaciones difíciles cuyo final no depende de mí del todo. Es decir, yo puedo poner todo mi empeño y esfuerzo con la mejor actitud, pero eso no garantiza que el cambio que deseo vaya a suceder. Esta situación genera dolencias y emociones como ansiedad, desesperación, apatía, impotencia, angustia… que todavía empeoran más mi estado de ánimo e inundan mi cabeza de pensamientos tóxicos: no merezco que esto me ocurra, hay malas personas a las que todo les va bien, no es justo…


Es una verdad indiscutible que la vida no es justa, y aceptarlo nos aporta salud mental. Las cosas ocurren porque nos movemos, y que actuemos bien no garantiza que no vaya a pasarnos algo malo. En la vida nos toparemos con situaciones y personas que harán nuestro camino más difícil, y deberemos poder afrontarlo y seguir adelante. Lo mejor es intentar pensar lo mínimo, fijar pequeños objetivos que nos gusten, y centrarnos en lo bueno que tenemos. También habrá personas que nos ayudarán a levantarnos y a seguir adelante cuando estemos peor, y en ocasiones esas mismas personas se convertirán en el motivo por el que seguir adelante.

De nuevo, lo anterior no garantiza en absoluto que el cambio que deseamos vaya a suceder, pero sí podemos intentar que el camino sea más llevadero. Puede que ese cambio no llegue o que lo haga demasiado tarde, pero si no ponemos de nuestra parte contribuimos a que no se cumplan nuestras expectativas. Siempre que pueda y con un tiempo razonable de recuperación y aceptación, yo elijo seguir adelante con mi mejor actitud. Y quién sabe, tal vez la búsqueda de ese cambio me lleve a otro que sea más beneficioso para mí. 

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