Todo
comienzo tiene un final, y si nos referimos a obstáculos que hacen nuestra vida
más difícil se agradece que sea así.
Hace dos
años fui diagnosticada con depresión ansiosa o transtorno mixto ansioso-depresivo, lo que muy resumido
viene a significar que tienes depresión y ansiedad a la vez. Dos por el precio
de una.
Como
siempre, mi cuerpo me avisaba desde hacía mucho: estrés, transtornos del sueño,
irritabilidad, apatía... Y reconozcámoslo, pocas veces hacemos caso a nuestro
cuerpo a no ser que se trate de algo muy importante e inmediato (asaltar la
nevera, por ejemplo).
Así que
al final un día reventé, sin que hubiera pasado nada especial. Solo un problema
cotidiano más que colmó el vaso.
Desde entonces empecé a ir cuesta abajo sin frenos. Bueno, sin
frenos, sin coche, y sin nada, a lo loco y estrellándome con todo. Y de ahí
viene mi comentario inicial, que por suerte todo tiene un final. Y es que
cuando llegas a un punto en el que tu pareja tiene que sacarte de la cama y
meterte en la ducha, en el que tus amigas tienen que venir a recoger tu despojo
y sacarte a rastras a la calle, y en el que prácticamente tienen que obligarte
(literalmente) a comer, te preguntas: ¿va a acabar esto algún día?
Y sí,
acaba, pero no de la forma en que más te gustaría. La depresión y la ansiedad
suelen dejar una huella muy difícil (que no imposible) de borrar, con tintes de
culpabilidad. Muchas veces no se van y tienes que aprender a compartir tu vida
con ellas. Otras veces se marchan pero como ya saben tu dirección vuelven a
visitarte. Y por último y sin duda en el mejor de los casos, a veces se van
para no volver.
Mientras ese deseado final llega, lo único que puedes hacer es esforzarte e intentar tomarte las cosas de otra forma. Y no es fácil, nada fácil, porque la vida a veces te embiste de tal forma que no crees que vayas a ser capaz de levantarte del suelo.
Pero como bien dice la sabiduría popular, cuando nos caemos debemos levantarnos. Todas las personas necesitamos más o menos tiempo para superar el luto, pero levantarse es imperativo. ¿Y cómo lo hacemos?, rodeándonos de seres queridos que nos desean lo mejor y nos ayudan, alejándonos de personas tóxicas, afrontando la vida con una actitud positiva, encontrando tiempo para cosas que nos gustan, y fijando objetivos realizables que nos llenen.
Y eso es lo que es este blog, un objetivo, un lugar en el que compartir mis experiencias y opiniones en este trance, y en el que hablar de todo aquello que hace mi vida un poco más feliz: aficiones, amistades, familia, etc.
Muchas gracias por acompañarme en este viaje :)

Me encanta el título :) No tenía ni idea de lo que has estado pasando, pero me parece un adelanto que comentes tu problema y que te hayas animado a abrir tu blog! Aquí ya tienes una seguidora :D
ResponderEliminar¡Un besazo y siempre hacia adelante!
Muchas gracias guapa :), las enfermedades mentales siguen sin recibir el reconocimiento y la comprensión que merecen, y por eso creo que es importante compartir experiencias y darles más visibilidad. Aunque cueste y como dices, siempre adelante :)
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